La Feria del Libro de Madrid es otra cosa. No es que lleve demasiadas ferias a mis espaldas para comparar; tan solo he estado en la de Valencia, evento muy importante, y en la de Vallecas, una pequeña y entrañable feria de barrio, muy distinta de las anteriores.
No, la de Madrid es como la madre de todas las ferias. Primero, por la cantidad de casetas que presentan sus trabajos (más de cuatrocientas); segundo, por el entorno en el que se celebra (el parque del Retiro); tercero, por el aluvión de público que allí se congrega; cuarto, por el elenco de autores consagrados que acuden a diario a presentar sus últimos trabajos.
Hacía dos años que no acudía a una. Entonces presentaba mi primera novela, La melodía recurrente. Ya os describí mis sensaciones de entonces. Las crónicas las podéis leer aquí, en este espacio, así que no insistiré. Sin embargo, no puedo negar que lo vivido en el pasado y el lapso de tiempo transcurrido condicionaban mi presente.
Las dudas sobre la calidad de mi trabajo, el irracional miedo a no vender un libro, la indiferencia de los visitantes hacia mi persona, volvieron a sabotear la seguridad en mí y la certeza de que Sonia, la novela que acabo de presentar, merece la pena ser leída.
Pero como soy como soy, por mi bagaje en la vida, por las dificultades que me ha tocado encarar y por la convicción de que las oportunidades hay que aprovecharlas en el momento en el que aparecen, decidí disfrutar sin complejos de las casi tres horas que tenía por delante para formar parte de un evento único y del que no todos los autores pueden disponer.
Sí, soy consciente de que hay mucho autor, buenas escritoras, excelentes narradores y creadoras de historias que nunca han estado en un acontecimiento similar. Es por ellos, tantas y tantos literatos anónimos, por lo que también me siento orgullosa de haber tenido un lugar en el que presentar Sonia.
Por supuesto, doy las gracias a Marisa, mi editora, por la confianza depositada en mí, por el esfuerzo y por el trabajo que ha realizado para disponer de un espacio físico en la FLM. Sé que no es sencillo por la competencia existente y la gran cantidad de editoriales, librerías y distribuidores que hay en este basto sector. Por eso, mis primeras palabras van para Ediciones Bohodón que, siendo una discreta editorial, creo que realiza un gran trabajo para presentar obras impecables en todos los sentidos. Y no solo eso, pues también me ha llevado de la mano haciendo fácil lo que no lo es: colocarme tras el mostrador, exponerme junto a mi libro y enfrentarme al siempre exigente público. De verdad, que formar parte de esta me llena de orgullo.
Lo primero que me llama la atención, y que no sé cómo tomarme, es que a un lado y a otro de mi discreta caseta hay formadas dos grandes colas de personas esperando a que sus autores les firmen el libro que acaban de adquirir (Paloma Sánchez-Garnica y Santiago Posteguillo, nada más y nada menos) «¡La primera en la frente!», exclamo.
Qué diferente es para un escritor ya consagrado, al que su nombre y sus obras lo preceden; los lectores, disciplinados, acuden a raudales para tener una firma suya estampada en su ejemplar y esperan con paciencia a que llegue su turno. Pura admiración, sin duda.
Pero yo, a lo mío: entro a mi caseta sin expectativas, con la cabeza bien alta y con el ánimo cargado de positividad para vivir la feria desde el otro lado: el lado del autor. Y así comienza mi paso, discreto y fugaz, por esta colosal muestra en la que soy un grano de arena de río entre tantas cumbres infranqueables de la literatura española.
¡Vale!, lo asumo; ¡lo acepto! No importa, pues he aprendido que siempre va a haber personas que, sin buscarme, me encuentran. Ellos deciden escucharme con una sonrisa paciente. Son lectores dispuestos a dedicarme su tiempo para conocerme, para descubrir mi obra, mis motivaciones y la historia que les ofrezco. Por ahí se empieza, ¿verdad? ¿Por qué deberían de confiar en el trabajo de una desconocida, habida cuenta de que están rodeados de novelistas consagrados? ¡Fuera complejos! Este es el primer paso: escuchar a mis posibles lectores y ofrecer, mediante la honestidad, buenos argumentos para que se decidan por mi libro.
Y sí, se trata de que el lector deposite su fe en mí; que crea que, aunque no me conozca, puedo ser capaz de despertarle la necesidad de leerme, de compartir su tiempo con mis personajes y con la trama que he tejido con tanto cariño para ellos. Así que, gracias a Santiago, a Juanjo, a Paqui, a Maribel, a Carlos y a tantos otros que os parasteis frente a mi caseta e, intrigados, os fijasteis en Sonia y escuchasteis con amabilidad mis argumentos para al final decir: «¡de acuerdo, me lo llevo».
¡Menudo subidón cada vez que uno de vosotros decidía adquirir un ejemplar! Siete en total ¿os parecen pocos? A mí, antes de entrar en este mundo literario, de editoriales, de ventas, de promociones, de publicidad, quizá sí lo hubiera visto como un fracaso. Pero os aseguro que en el contexto en el que me muevo, como he mencionado en párrafos anteriores, el hecho de que haya lectores que se fijen en nosotros, los pequeños escritores, autores anónimos que vivimos bajo la sombra que proyectan los grandes literatos, es todo un triunfo.
No me queda otra cosa que agradecerte a ti, a ti que me estás leyendo ahora mismo, tu tiempo y tu comprensión.
¡Hasta la próxima feria!
1 comentario en “Mi paso por la Feria del Libro de Madrid, 2025”
Una muy buena presentación de tu día en la FLM.
Sonia se merece eso y más porque las descripciones que transmiten tu novela nos llevan a una proyección real de una escenario lleno de reflexiones, de intriga y de sensualidad.